La responsabilidad solo involuciona

A inicios de esta semana sin mucho espacio en los medios masivos de comunicación, y al parecer sin mayor incidencia en otras localidades, se realizó una campaña de concientización, por parte de la Unidad de Salud de la Colonia Escalón en San Salvador. Se da en el marco de la celebración de la semana en pro de la Lactancia Materna. Y es que los payasos, premios y refrigerio de la actividad culminaron con una caminata pública precisamente para concientizar a las madres del sector sobre la importancia de amamantar a su recién nacido principalmente con la leche materna. Esto principalmente a partir del notable incremento de enfermedades estomacales y respiratorias que aquejan a cientos de niños. Asunto que según estudios médicos se previene cuando se ejerce la lactancia materna, y su ausencia va cada vez más en aumento en la noción maternal de la mujer actual.
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Con la claridad que le caracteriza, la Palabra de Dios, recuerda en Romanos 3,19 “Ahora bien, sabemos que cuanto dice la ley, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se calle y todo el mundo sea hecho responsable ante Dios.” Pero el pecado nos lleva a la irresponsabilidad eso reclama Ezequiel 22,12 cuando dice: “También hay entre los tuyos quienes aceptan soborno para derramar sangre. Tú practicas la usura y cobras altísimos intereses; extorsionas a tu prójimo y te olvidas de mí. Lo afirma el Señor.” Palabras similares, que reflejan el olvido de las principales responsabilidades a expensas de un supuesto desarrollo son las de Oseas 8,14 cuando dice: “Israel se olvidó de su Hacedor y se edificó palacios; Judá multiplicó las ciudades amuralladas; pero yo lanzaré sobre sus ciudades y fortalezas un fuego que las consuma.” Ante tal actitud el profeta Jeremías externa las palabras del Capítulo 13,25: “Esto es lo que te ha tocado en suerte, ¡La porción que he medido para ti! afirma el Señor. Ya que me has olvidado, y has confiado en la mentira. ” Pero la actitud de Dios se contrapone a la nuestra, incluso en la maternidad responsable, eso dice Isaías 49,14-15: “Pero Sion dijo: El Señor me ha abandonado; el Señor se ha olvidado de mi.” ¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? Aún cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré!”

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Y es que la relación entre madre e hijo siempre será una de las mejores imagenes del desempeño adecuado de la responsabilidad humana. Y de esta relación, la práctica de la lactancia ha sido el símbolo de ese nivel de responsabilidad. En las últimas décadas esto ha venido cambiando, mucho por razones naturales. La mujer de las últimas generaciones tiene un cuerpo afectado por los resultados del pecado que rodea nuestro medio ambiente, nuestro trabajo y alimentación, y eso ha hecho que muchas mujeres no produzcan el alimento natural para el recién nacido. Pero a otra razón, responde el que se tenga que animar a la mujer de hoy a cumplir con la responsabilidad natural de amamantar. ¿Cuáles razones llevarían a nuestras esposas e hijas a evadir la responsabilidad de amamantar?. Y la respuesta a tal pregunta debemos encontrarla mientras observamos cómo nuestros recién nacidos padecen cada vez más temprano de enfermedades, además de un acelerado sentido de independencia.

Es obvio que aunque nuestras sociedades han evolucionado tecnológica, educativa y laboralmente, tal evolución no sucede con nuestras responsabilidades. La realidad del escaso interés de la mujer actual por amamantar solo es uno de los muchos ejemplos actuales que muestran la involución de nuestras responsabilidades. Estamos perdiendo la consciencia de vivir con otros. Cada vez más esta creciendo el interés en nosotros mismos, y la idea de ver a los demás como instrumentos para nuestros fines personales. Es urgente responder al llamado de Dios, es urgente que hayan personas que den ejemplo de responsabilidad familiar, laboral, económica y sobre todo espiritual.

Seamos realistas, no estamos evolucionando. Hemos perdido el norte de nuestra vida, ese norte provisto por Dios. La total irresponsabilidad mientras carcome nuestras relaciones, abre paso al caos familiar y social. Las palabras de Salmos 4,6 donde se describen las dos reacciones humanas ante esto, deben recordarse: “Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? ¡Alza, oh Señor, sobre nosotros la luz de tu rostro!” Amén.

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