Tenemos que pensar sobre la participación del cristiano evangélico en marchas públicas. Esto en el marco del la celebración del Día Nacional de la Biblia. Sin mayor problema aceptamos participar como congregación en la marcha pública que se realizaría en el marco del Día Nacional de la Biblia. Al igual que en las iglesias que son miembros de la Fraternidad de Pastores e Iglesias Evangélicas de Metapán, promovimos la participación de cada miembro en las dos actividades que se realizarían, pero no se tuvo la respuesta esperada. Esto no solo sucedió con nuestra iglesia local, al parecer fue una experiencia compartida por el resto de congregaciones.
Aunque no fueron pocos los cristianos que decidieron participar tanto en la marcha como en el culto público, otros más solo llegaron al culto y la mayoría al parecer no asistió. Lejos de señalar los problemas logísticos que este tipo de eventos pueden tener, la razón de mi reflexión es sobre la relevancia de este tipo de actividades. Obviamente esta pasada actividad permite que se deduzca la reducida importancia que el testimonio público tiene en la vida de muchos cristianos.
En la Escritura el testimonio público siempre ha sido una disciplina espiritual practicada por quienes honran a Dios. La construcción de un altar, la presentación de una ofrenda, la participación en una fiesta, son hábitos fundados en la cultura bíblica que motivan el testimonio público. El Pueblo de Israel practicó también las famosas “marchas hacia el Templo” en las que había un beneficio espiritual, pero eran sobre todo un acto de testimonio. Las palabras del Salmo 119,171-172 remiten un momento como este:
“Que rebosen mis labios de alabanza,
porque tú me enseñas tus decretos.
Que entone mi lengua un cántico a tu palabra,
pues todos tus mandamientos son justos.”
Aunque para algunos la marcha pública no fuese el mejor método de testimonio público, quiero motivarle a que usted lo piense otra vez. Nuestra fe evangélica hoy parece no gustar por los actos públicos de testimonio, donde emitimos nuestras convicciones; más parece crecer el gusto por participar en eventos públicos de entretenimiento y ensimismamiento “espiritual”. Asistir a un concierto no es necesariamente malo, pero ¿no sería mejor que participar en un evento con mucha bulla y a veces poco beneficio espiritual, además de ser pagado; participar en un acto donde se le exprese a la sociedad públicamente su convicción cristiana sobre un hecho específico?Tendrá que meditar un poco sobre esto, como lo he hecho yo. La tenue participación de la iglesia evangélica de Metapán en un acto con el aval de las autoridades civiles para recordarle a un pueblo la importancia de la Lectura de la Biblia, debe hacernos pensar. Porque no intenta reflexionar sobre el valor que para su crecimiento espiritual tendrá la participación en eventos de testimonio público. Ruego a Dios porque un día podamos retomar los hábitos espirituales que hoy por nuestro acomodamiento queremos evadir.
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