Siempre soñé con encontrármela. Desde pequeño, probablemente por esos primeros años que durante el trabajo de mi madre escapaba de mi casa para encontrarme con otros niños, quise que satisficiera esa hambre interna con la que todos nacemos. Cuánto la busque en los campos de fútbol por las tardes, durante las caminatas por el cerro de mi comunidad, también las veladas para jugar videojuegos que causaron angustia a mi madre en varias ocasiones, en fin, la busqué. Recuerdo aun mejor, lo difícil que fue encontrarme con la realidad de haber creído que ya la tenía, y aún más la mentira de creer que duraría mucho tiempo. Sí, cuánto busque lo que hasta hace poco logre encontrar, hablo de la amistad, de la verdadera amistad.
Porque considero que como yo, usted también se ha encontrado con la salvación en Jesucristo es que quiero compartir un reto para este tiempo. Una verdad sobre la amistad que no puede escaparse es que todos la buscamos pero pocos estamos dispuestos y corremos el riesgo de otorgarla. El libro de Proverbios tiene muchos textos referentes a la amistad. Tres de ellos describen cómo dar ese paso necesario para cumplir el sueño de experimentar la amistad verdadera. En Proverbios 17,9 dice: “El que cubre la falta, busca amistad; mas el que la divulga, aparta a los mejores amigos.” En estas sencillas palabras La Escritura nos recuerda que necesitamos Respetar y Valorar a los amigos. Considerar como ser humano a quien comparto mi amistad involucra disponerme a encontrarme también con la influencia y el resultado de la presencia del pecado en su vida. A pesar de ello, hay que respetar pero sobre todo valorar. Un valor que solo parte de lo que considero que Dios ha hecho, esta haciendo y puede hacer en la vida de esta persona. Un valor suficiente como para mantener nuestra amistad.
Hay otro texto del libro de Proverbios, se encuentra en el capítulo 27:9 y dice: “El ungüento y el perfume alegran el corazón; y el amigo al hombre con el cordial consejo.” Un pasaje como este es sin igual, la comparación del consejo del amigo con el ungüento y el perfume es sin duda más que poesía, un símbolo de utilidad y belleza. Pero para poder Aportar buen consejo, será necesario mantenerse cerca de la Palabra de Dios. Esto porque al desarrollar la amistad, no solo se recibe consejo, también se tiene la puerta para otorgarlo. La responsabilidad que tal privilegio conlleva enriquece nuestro aprecio por la amista y ayuda a madurarla.
El último texto, que deseo compartirle, se encuentra en Proverbios 19:7 y dice: “Todos los hermanos del pobre le aborrecen: ¡Cuánto más sus amigos se alejarán de él! Buscará la palabra, y no la hallará.” Con estas palabras La Biblia no solo describe la realidad, también invita a cambiarla. La verdadera amistad que debe forjar, requerirá que su corazón no tenga ningun tipo de discriminación. Nuestro mundo nos pide que seleccionemos nuestras “amistades” a partir de su status socio-económico. En la Escritura tal criterio de selección no es el mejor y mucho menos el correcto. Por ello la amistad más que buscarla Ofrézcala.
La verdadera amistad puede experimentarse en este mundo. En dias como estos, en que se usa nuestro anhelo de ella para que consumamos objetos, más que para acercarnos a personas, luchemos contra el sistema que ha torcido la amistad. Empiece por ofrecerla, y note cómo crecerá mientras sometido a la Escritura aporta buenos consejos. Esto deberá acompañarlo de respeto y valor por los seres humanos, por quienes son amigos. Siempre soñé con econtrármela, hoy a través de Jesucristo he encontrado a muchos y muchas a quienes son mi familia, mis hermanos, mis amigos.
Archivado bajo: Uncategorized | Etiquetado: actualidad, amistad, Familia, hermandad, misión, proverbios, respeto, sinceridad, sueños





