Es realmente posible encontrar gozo y paz en esta vida. La resurrección de Jesucristo, además de ello, provee la mejor meta por la cual luchar
No hay duda que esta doceava semana era la más esperada en lo que va del año. Establecimientos educativos, instituciones bancarias y oficinas estatales la iniciaron con puertas cerradas con motivo de vacaciones laborales. Aunque unos cuantos negocios abrieron hasta ayer, la gran mayoría ha estado descansando de sus responsabilidades de trabajo. Curiosamente el cese del activismo económico de muchos no ha sido para profundizar la reflexión, sino más bien para realizar actividades de consumo, aunque obviamente mucho menores que las de otros años. Eso sí, tal consumo a unos los continua manteniendo alejados de las importantes decisiones que debiesen tomar para sanar su corazón y el de su familia, y a otros los induce a decidir lastimarse y lastimar a los demás sin medir consecuencias. Tanto a unos como a otros, una semana como esta no tiene mucho que ver con Jesucristo y su llamado a la conversión a Dios.
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La Palabra de Dios otorga el lugar privilegiado al mensaje de la muerte y resurrección de Jesucristo. Pero de estos dos elementos del mensaje evangélico el susceso de la Resurrección tiene vital importancia para infundir seguridad y reto a los discípulos de Cristo. Las palabras dichas por El Señor según Juan 11,25-26 son claras: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás.” En un sentido más completo el Apostol Pablo diría en Romanos 4,25: “el cual fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado por causa de nuestra justificación.” Tales palabras de ánimo y esperanza son complementadas con el reto de lo que el mismo Apostol en el Capítulo 6,9 de la misma carta diría así: “sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, no volverá a morir; ya la muerte no tiene dominio sobre Él. Porque por cuanto Él murió, murió al pecado de una vez para siempre; pero en cuanto vive, vive para Dios. Así también vosotros, consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.”
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Aunque en los últimos años se ha visto una mayor implementación de una jerga cristiana y espiritualizante en los medios de comunicación, parece claro el interés económico que eso busca. Y es que en días como estos curiosamente en crisis, aumenta el anhelo por obtener instantes de seguridad, momentos de falsas esperanzas. Y falsas no porque no exista la esperanza, sino por el equivocado fundamento de ellas. Tal fundamento siempre basado en nuestras posesiones, dinero, prestigio, y estética solamente provee pequeños momentos que al ser tan deseados invitan a cualquiera a mostrar el más bajo instinto humano, o sea el orgullo. Por ello el mensaje de la resurrección de Cristo es tan importante en nuestros días. La seguridad que tal suceso transmite pasa cualquier tipo de circunstancia creada por nuestro pecado o el pecado de otros. Una seguridad como la que muchos siguen buscando, incluso dentro de los que se autodenominan cristianos.
Al pasar de ese efecto de gozo y paz que la confianza en la resurrección de Cristo coloca en el interior de quienes le confiesan como Señor y Salvador se llega un estado de compromiso. Tal compromiso es el que estamos perdiendo los cristianos en días como estos, en los que nuestro fervor espiritual a penas llega a pequeños actos religiosos que no determinan nuestra conducta y mucho menos promueven recuerdos positivos. Porque si Cristo resucitó y nuestra fe entonces es viva, ¿qué continua deteniendo el cumplimiento de los claros y concisos propósitos de Dios para nosotros? Y a nivel personal ¿Por qué aún seguimos comportándonos como incrédulos y perdemos el esmero por parecernos más a Cristo? Este reto que la realidad de la resurrección transmite no puede ser evadido, no podemos dejar que las vacaciones, el descanso o el consumo desvanezca en nuestra mente la respuesta que debemos dar.
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Para nosotros la muerte del Señor Jesucristo debe acompañarse sin duda de la resurrección y ésta última es la que no solo nos da la esperanza de vida eterna y de que un día nuestro mundo y nuestro ser serán transformados, sino también el reto de vivir como Cristo. Tal esperanza es la que esta Semana Santa, y todos los días debe continuarse transmitiendo. En 1ra Corintios 15,20-22 el Apóstol Pablo nos da un ejemplo de ello al decir: “Mas ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron. Porque ya que la muerte entró por un hombre, también por un hombre vino la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.”
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