El Parto de un Estado de Emergencia

El pecado ha logrado torcer incluso la experiencia de ver nacer el bienestar del mundo entero

La preocupación está creciendo cada vez más. Las voces que se escuchan en todo el mundo anticipan una situación a la que la misma ONU está llamando a reaccionar. Desde Ghana uno de los países más pobres de Africa, en el marco de una conferencia sobre desarrollo, Ban Ki Moon, Secretario General de la ONU ha repetido el pasado lunes la fuerza con la que esperan atacar la crisis alimentaria que ya ha empezado en regiones de África y Asia. Una crisis de la que también Centroamerica se preocupa. Nicaragua y Panamá han sido sede, esta semana, de dos importantes reuniones que buscan proponer respuestas políticas al alza desmedida en el precio de los alimentos y de igual forma al impacto del cambio climático en nuestros países. Aquí, en El Salvador la Defensoría del Consumidor ha anticipado que este alto costo de la vida por lo menos es seguro que se mantendrá hasta los próximos 10 años. Tal asunto ha motivado que el Procurador de los Derechos Humanos halla lanzado un llamado al Gobierno para que declare Estado de Emergencia Nacional.

*****************

El aviso que desde el munEl pecado ha logrado torcer incluso la experiencia de ver nacer el bienestar del mundo enterodo se hace la Escritura lo ha hecho desde muchos siglos atrás. Las palabras mismas del Señor Jesucristo, según Marcos 13,7-8, fueron: “Y cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os alarméis; es necesario que todo esto suceda, pero todavía no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en diversos lugares; y habrá hambres. Esto sólo es el comienzo de dolores.” Y tal anuncio de crisis en la Biblia siempre ha estado ligado a la cercanía del Juicio de Dios sobre el pecado de la humanidad. Ya Levítico 26,26 incluyó esta advertencia para Israel: “Cuando yo os quite el sustento del pan, diez mujeres cocerán vuestro pan en un horno, y os darán vuestro pan en cantidades medidas, de modo que comeréis y no os saciaréis.” Estas palabras de disciplina y también las de juicio también se acompañan de esperanza como la provista por Salmos 76,8-9 donde dice: “Hiciste oír juicio desde los cielos; temió la tierra y enmudeció al levantarse Dios para juzgar, para salvar a todos los humildes de la tierra.

******************

Al final la esperanza genuina solo podrá provenir de Dios. Los hombres y mujeres que en estos momentos dedican tiempo para debatir políticas y propuestas para responder a la crisis ya han tenido el tiempo suficiente para hacerlo y a estas alturas poco han hecho. Desde ya vario tiempo se ha señalado la necesidad de que nuestros gobiernos controlen al máximo lo que a su alcance esté para evitar la desestabilización de los precios de alimentos y servicios básicos para la mayoría. Obviamente los intereses económicos y las lineas filosóficas del partidismo político condicionan las buenas intenciones que cualquier servidor público manifieste a quién debiese ser su patrón, o sea el pueblo en general. Ojalá se tomaren otros caminos para evitar el endeudamiento externo de nuestro país, escoger la seguridad económica para unos pocos y la culpabilización de los otros para librar responsabilidades. No hay duda que quienes no ocupen estos cargos de responsabilidad y son cristianos, deberán orar por ello.

Aunque las decisiones determinantes a niveles nacional, regional y mundial tal vez no estén a nuestro alcance, no perdemos responsabilidad por ser precabidos. Y es que se necesitará de tener la información suficiente, la sabiduría bíblica y el amor cristiano para prepararnos para lo que muchos aseguran que no será tan pasajero. La visión de orientar nuestra oración, dones y recursos para luchar contra lo que se augura como una crisis alimentaria no puede perderse. Este es un claro llamado a evitar pensar solamente en sí mismo y los suyos para extender nuestro interés hacia los demás.

***************************************

Si escuchamos al mismo Señor Jesucristo somos testigos de lo que puede ser el parto de una crisis como nunca antes. Pero esta visión más que rayar en el fatalismo, se confía en una sólida esperanza. Es aquella de la que habla el Salmo 146,5-10 al decir: “Bienaventurado aquel cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en el SEÑOR su Dios, 6 que hizo los cielos y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; que guarda la verdad para siempre; 7 que hace justicia a los oprimidos, y da pan a los hambrientos. El SEÑOR pone en libertad a los cautivos. 8 El SEÑOR abre los ojos a los ciegos, el SEÑOR levanta a los caídos, el SEÑOR ama a los justos. 9 El SEÑOR protege a los extranjeros, sostiene al huérfano y a la viuda, pero trastorna el camino de los impíos. 10 El SEÑOR reinará para siempre, tu Dios, oh Sion, por todas las generaciones. ¡Aleluya!

Escribe un comentario