Ser niño entre el juego y el trabajo

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Un día, en el futuro cercano, debiesen ocupar el lugar de quienes ejercen el trabajo y cuidan de la sociedad. Pocos esperan ese día, ya que muchos sin quererlo ya lo viven siendo niños.

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Aunque a nivel mundial estiman que se han reducido unos 20 millones de niños que entre 5 y 14 años tienen que trabajar, según datos publicados por la Organización Internacional del Trabajo se calculan unos 165 millones de niños los que están actualmente involucrados en el denominado trabajo infantil. Este jueves, en el país se informó que hay unos 200 mil niños que tienen como prioridad el trabajo y de estos unos, 30 mil son víctimas de alguna de las peores formas de trabajo. Algunas organizaciones no gubernamentales han reconocido un avance principalmente en el involucramiento de niños y niñas para la producción de pirotécnicos. Para este año, a nivel mundial se ha propuesto el lema: “La educación: la respuesta acertada al trabajo infantil” en el marco del Día Internacional contra el Trabajo Infantil. Para la OIT el involucramiento laboral durante la infancia es un obstáculo para el desempeño educativo de los niños y niñas, y de eso hay mucho que pensar.

En las Sagradas Escrituras existe una incansable enseñanza sobre la infancia. Varias porciones bíblicas podrían ayudarnos a recordar. En Salmos 139,13-15 sobre el valor de la gestación e inicio de la vida dice: “Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. ¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien! Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido.” Y en el Nuevo Testamento el Apóstol Pablo usa la imagen de la infancia para hablar de un desarrollo incompleto pero también de pureza mental, 1a Corintios 14,20 dice: “Hermanos, no sean niños en su modo de pensar. Sean niños en cuanto a la malicia, pero adultos en su modo de pensar.” Sorprendentemente el mismo Señor Jesús hizo declaraciones increíbles sobre la valoración de la niñez cuando según Mateo 18,2-7 “Él llamó a un niño y lo puso en medio de ellos. Entonces dijo: Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos. Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos. »Y el que recibe en mi nombre a un niño como éste, me recibe a mí. Pero si alguien hace *pecar a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una gran piedra de molino y lo hundieran en lo profundo del mar. »¡Ay del mundo por las cosas que hacen pecar a la gente! Inevitable es que sucedan, pero ¡ay del que hace pecar a los demás!

Tal vez porque abundan adultos que en su infancia el trabajo fue una constante, poco se hace para luchar contra la explotación infantil hoy, tal vez no. Tal vez porque somos países subdesarrollados y sin interes por la educación es que poco se hace para luchar contra este flagelo, que hiere los sueños de nuestros niños. Por lo menos eso es lo que aseguran los organismos internacionales de carácter secular, precisamente que con la educación se solucionaría el problema. Pero dentrás de todo esto, más bien pareciese que existe una escasa valoración de la infancia, algo que deja en claro nuestro pequeño interés por comprender lo más importante durante la niñez. Y es que aunque con su trabajo aporten para palear la crisis familiar y ellos mismos con sus manos toquen dinero, es claro que su crecimiento se estancará, y más aún su corazón. Pero por otro aunque se les diese educación y con sacrificio se les abrán puertas para jugar y crecer estudiando, tal cosa un día no garantiza que su futuro sea próspero y sin pesar alguno. Es por eso importante encontrar una tercer vía, el camino que realmente complemente el vacío económico que llena un niño con su trabajo y la oportunidad que abre su preparación educativa. Pero lograr encontrar ese balance nos llevará hasta lo profundo del corazón.

Primero debiesemos trabajar en el corazón del mundo adulto. Un mundo egoísta y sin más decadente. Tanto que solamente observa a los infantes como instrumentos para obtener beneficios económicos de cualquier índole, ya sea provisto directamente por la vida del infante o a través de él convenciendo a otros adultos. Segundo tendríamos que trabajar en el corazón de cada infante. Para colocar en ellos la esperanza aún si por algo de tiempo tuviese que experimentar una carga familiar que no le corresponde aún. Aunque mejor fuese quitarles esa carga permanentemente y alistarlos para que un día la tomasen. Tercero requeriremos llevar a la acción confrontativa y sostenible la compasión que al escuchar sobre la crisis y dolor de los niños acomodamos en nuestro corazón. Nuestras iglesias deben extender hacia los hogares los programas de educación infantil con mayor consciencia socio-económica. Y debemos fortalecer aquellos ministerios que ya lo estén haciendo.

En nuestro país 200 mil, a nivel mundial suman unos 165 millones. Son niños y niñas fruto del potencial dado por Dios a la humanidad para multiplicarse y postergarse en esta tierra. Pero a diferencia del resto, ellos estan interrumpiendo sus principales necesidades por satisfacer las necesidades de adultos. Este dilema entre juego y trabajo puede solucionarse y transformarse si atendiesemos lo que Mateo 19,14 registra así: “Jesús dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos.»” Amen

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